sábado, 31 de octubre de 2015

Un secreto bien guardado – Sergio Gaut vel Hartman


¡Abenatar, amigo! ¡Dicen que ha nacido el mesías!
El comerciante se alzó de hombros (estaba contando botones) y tardó unos buenos cinco minutos en prestarle atención a Jotafet.
¿Y a mí qué? ―dijo finalmente―. ¿Acaso voy a solucionar mis problemas porque haya nacido el mesías? ¿El nacimiento del mesías pagará lo que le debo al sirio Rabunafia? ¿Acaso porque haya nacido el mesías se detendrán las quejas de Falomié cuando le pida que me conceda el privilegio de entrar en ella? No, Jotafet, a mí no me cambia nada que haya nacido el mesías.
Una vez más, el pobre Jotafet quedó en silencio y se guardó para sí el secreto que lo atormentaba, y que a nadie más que a Abenatar se hubiera atrevido a revelar; tampoco lo haría esta vez. Él, que tenía el don de ver en el futuro, sabía que el mesías no iba a traerle bendiciones a los judíos, que no era el mesías que estaban esperando, que la nueva religión fundada por el mesías no tardaría en oponerse al judaísmo y que pasarían más de dos mil años antes de que las tres ramas del monoteísmo volvieran a juntarse. Porque incluso eso veía Jotafet, veía el nacimiento del Islam, las cruzadas, la Inquisición, los pogroms, el Holocausto, los terroristas autoinmolados y la discriminación mutua, en todas sus formas. Y hasta veía que la tan ansiada fusión, que ocurriría el 31 de marzo de 2590, 5 Nisan de 6350, se formalizaría entre el último cristiano, el último judío y el último musulmán, cuando ya no fuera posible repoblar la Tierra porque todas las mujeres, esa subespecie despreciada por las tres religiones, había desaparecido de la faz del planeta.

Acerca del autor:
Sergio Gaut vel Hartman

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