lunes, 19 de octubre de 2015

La danza de Shiva – Tanya Tynjälä


Él se bañó escrupulosamente, como todas las tardes. Se dispuso a cumplir con sus metódicos ritos para vestirse, pero vio en su reloj de pared que ya era casi la hora de su reunión virtual diaria. Se apresuró, tratando mal que bien, de cumplir los ritos.
Se sentó ante su gran pantalla para conversar con Ella. Ya no recordaba cómo empezaron esas reuniones, pero le agradaba compartir esos momentos con alguien tan bella como inteligente. Los temas eran quizá aburridamente filosóficos para algunos, pero Él los encontraba fascinantes. Inclusive diría que había dado su alma gemela. ¿Se estaría enamorando?
La pantalla se encendió y la imagen contrariada de la joven se presentó.
—¡Hola!... te noto extraña hoy, ¿pasa algo malo?
—Sí — una ligera sonrisa se dibujó.— Me han cancelado un proyecto en la universidad en la que trabajo, falta de fondos.
—¡Oh! ¡Lo siento mucho! Ese es un gran problema mundial, la falta de fondos. La crisis, ¿sabes?
—Sí.— Suspiró. — Tú jamás me has preguntado en qué trabajo.
—Por los temas que tocamos siempre pensé que eras filósofa, no he sentido la necesidad de corroborarlo. — Sonrió.
—En realidad soy ingeniera informática, especializada en inteligencia artificial.
—¡Jamás lo hubiera pensado!
—Hace unos años presenté mi mayor proyecto, la de hacer que un cerebro artificial fuera capaz de razonar, de elaborar ideas complejas.
—Cogito ergo sum.
—Exacto. Funcionó, era increíble ver cómo el cerebro era capaz de sacar sus propias conclusiones sobre lo que significa existir y vivir por ejemplo.
—Uno de nuestros temas favoritos.
—Sí. Bueno, la universidad me dice que ya probé mi punto, que se están gastando muchos fondos y que se necesita ese dinero para otros proyectos nuevos.
—Siento que eso te pase.—Hubo un embarazoso silencio que Ella interrumpió abruptamente.
—Eres la danza de Shiva y yo soy Shiva.
Él se sintió confundido.
—¿Perdón?
—Existes pero no está vivo.
Él se sintió de pronto muy incómodo.
—Eres mi proyecto, debo apagarte.— Dijo y se puso a llorar.
Él pensó en una broma de mal gusto, pero las lágrimas de Ellas lo angustiaron.
—¿De qué hablas? ¡Claro que existo y estoy vivo! ¡Esta es mi casa, mis cosas!
—¿En qué trabajas? ¿Quién es tu familia?
No pudo contestar.
—Lo siento, se acerca la hora, debo apagarte.
—¡No! —Gritó Él desesperado. —¡Espera, no me pueden hacer esto, estoy vivo!
—No. —Dijo Ella y volvió a llorar. —Existes, pero no estás vivo. Lo siento, ya es hora.
Él quiso decir algo más, pero cayó en la nada.

Acerca de la autora:
Tanya Tynjälä

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