martes, 1 de septiembre de 2015

Obsesión – Ana María Caillet Bois


Carlos es un admirador obsesivo del famoso escritor argentino Laureano Peña, quien está a punto de presentar su nuevo libro en Córdoba. Aventuras en África, que así se llama la novela, es la tercera entrega de una saga en la que se describen las andanzas de un grupo de cazadores de grandes presas. Laureano conoce la existencia de este sujeto que lo sigue a todas partes, pero aunque la situación no le gusta nada, no logra descubrir su identidad. Le molesta esa sombra que lo acecha y quisiera sacársela de encima, algo que, sin embargo, parece hallarse fuera de sus posibilidades. 
Carlos, por su parte, es cuidadoso en exceso, planifica todo con mucho tiempo de antelación, no deja nada librado al azar y hasta leído todos los libros anteriores del escritor hasta aprenderlos de memoria. En este caso particular hace más de un mes que ha comprado los pasajes para viajar a Córdoba y asistir a la presentación; no ve el momento de tener el libro entre sus manos para poder leerlo.
Laureano presiente que hoy lo encontrará y ha preparado varias alternativas para sacarse de encima a tan molesto admirador. Sabe que el libro puede ser el vehículo para terminar con él de una buena vez.
Cuando arriba a Pajas Blancas con el libro autografiado, Carlos está feliz. A duras penas domina la ansiedad y no ve el momento de relajarse en el asiento del avión para comenzar la lectura. Llega con el tiempo justo para el embarque y trata por todos los medios de evitar que los nervios le jueguen una mala pasada. Es habitual que la angustia le produzca espasmos y hasta le levante fiebre. Por fin, se sienta y comienza a leer. Cuando un rato después de haber decolado la azafata hace su rutinario paseo por el pasillo y le pregunta qué desea tomar, él ni siquiera se toma el trabajo de contestar. Incluso llama la atención de sus compañeros de asiento por la concentración con que lee y por el modo en que se le van coloreando las mejillas a medida que da vuelta las páginas.
El avión atraviesa una zona de turbulencias y se agita de un modo tan marcado que muchos pasajeros se asustan. Sin embargo, Carlos ni se entera; ya va por el tercer capítulo cuando el grupo de avezados cazadores, que han penetrado furtivamente en el Parque Nacional Masai Mara de Kenia y tratan de eludir a las unidades especiales que combaten a los depredadores, son atacados por una manada de feroces leones.
El avión ha pasado la zona de turbulencias. Las azafatas recorren de nuevo el pasillo para recoger las bandejas y una de ellas advierte que Carlos yace derrengado en el asiento, con los ojos cerrados y el libro a punto de caer de las manos, atravesado por el disparo de Marlon Stevens, uno de los cazadores. Una mancha roja crece en el pecho del infortunado lector y es posible, conjeturo, que Laureano Peña se sienta por fin aliviado por haberse sacado un peso de encima.

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