martes, 29 de septiembre de 2015

Memoria - Héctor Ranea


La señora nos llevó adonde estaba su abuela. Ella era la que tejía. Queríamos saber si tenía colores favoritos, si elegía las lanas de acuerdo a algún criterio especial, sentimental o religioso. La señora tejedora solo hablaba mapundungun, por lo que su nieta nos servía de intérprete, aunque noté que, a veces, ella misma dudaba qué versión darme. Supe que era la última de esa familia en conocer el arte de tejer. La memoria se perdería con ella. Esas telas constituían la última palabra de la señora del telar, como la nombraba la nieta. Éramos, probablemente, los últimos en ver el telar funcionando. Tengo un tejido de ella en casa, no puedo entender qué canta.

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Héctor Ranea

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