martes, 22 de marzo de 2016

Gautama – Jorge Ariel Madrazo


Giran dibujándole órbitas al ventrudo domo de piedra, a la Stupa o cúpula gigante. Para así ganar el perdón y la reencarnación, porque ese vientre es El Buda. Entre ellos gira Yazok, quien a lo ancho de perversas duermevelas comercia en su tenderete la carne en sazón de bellas adolescentes. Yazok es el único autorizado por el Lama a escalar, para lavarlo, el divino vientre. Carga baldes colmados de agua jabonosa y otros con pintura color azafrán, destinada a fingir una descomunal flor de loto. Por la escalerilla de la Stupa transcurren años y generaciones de fieles que, entre rezos, con sus manos hacen rotar los cilindros de bronce: los pies de Gautama. Mil velas tiemblan en sus cubiletes llenos de grasa de cerdo. Mil adoradores, cojos y mancos y niños y ancianos y prostitutas y ciclistas suben y bajan (aferrando las velas) los andariveles en espiral de la Stupa. Las ratas muerden sus pies. Dentro del tenderete, Yazok vigila con avidez su ración de carne adolescente.

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