miércoles, 23 de marzo de 2016

Carta al señor Alzheimer - Ángeles Correa


Estimado señor Alzheimer:
Presiento que estás llamando a mi puerta pero me resisto abrirte. Sé que al final te colarás por alguna rendija de mi cerebro. No sé cuándo, pero notaré que ya estás conmigo.
Te sentía, aunque te ignoraba; no quería que nadie notara mis despistes, que así los llamaba yo cuando algo se me iba de la mente. Perdía las llaves, olvidaba los nombres, comprar el pan, y así día a día me daba cuenta que tus gruesos zapatones iban aplastando mis pequeños y grandes recuerdos. Mi cerebro se me secaba, me quedaba fría y no podía luchar.
Ya no puedo disimular que estás conmigo. Mi vida se está borrando, mis recuerdos caen como hojas secas de un árbol en otoño. Vivo en un permanente vendaval. Pero lo que sé que no me vas a quitar es esperar cada día la primavera, los brotes verdes, el nacimiento de una pequeña luz en mis recuerdos, cada vez con más sombras.
La luz me llegaba cuando su mano me acariciaba; yo sé que es el amor de mi vida, el que siempre estuvo aquí. Tenemos muchas cosas en común, y no quiero olvidar que siempre lo quise. Por eso estará conmigo y la lucha por vencerte no decaerá.
¿Fue quizá la música? ¿Aquella melodía? ¿Sus caricias que quedaron grabadas? Algo me hizo recordar que lo debí querer con locura, y es él quien no permitirá que el árbol de mi vida se deshoje de una vez.
Siempre estará conmigo y juntos lucharemos contra ti, los dos unidos te  haremos frente, y no podrás separarnos, aunque sepamos que tendremos un compañero hasta el final del viaje, pero conseguiremos detener la velocidad de este recorrido.
No me despido porque ya formas parte de mí, pero que sepas, que hay otra persona que me hará feliz a pesar de todo y juntos avanzaremos a través del recuerdo.

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