jueves, 7 de enero de 2016

Adolf - David Vivancos Allepuz


Sentado en su camastro, Carlomagno atendía a las explicaciones que el doctor vienés le daba al adolescente pálido y de mirada huidiza que acababa de recibir el alta.
Mañana abandonará la clínica. Conozco su trabajo, Adolf. He visto sus pinturas. Le aconsejo que se concentre en su faceta artística, cultívela, explote su creatividad. Pinte y olvídese de su padre. Salir de aquí no es una meta, es sólo el inicio de algo importante. Pinte, cree. Trabaje. Únicamente el trabajo nos hace libres y señaló al otro, únicamente el trabajo les hará libres.
El trabajo nos hará libres repitió el joven sin levantar la vista.
Carlomagno creyó percibir una leve sonrisa dibujada en el rostro de Adolf.

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