domingo, 31 de enero de 2016

Los juegos del tiempo - Eduardo Galeano


Dizquedicen que había una vez dos amigos que estaban contemplando un cuadro. La pintura, obra de quién sabe quién, venía de China. Era un campo de flores en tiempo de cosecha.
Uno de los dos amigos, quién sabe por qué, tenía la vista clavada en una mujer, una de las muchas mujeres que en el cuadro recogían amapolas en sus canastas. Ella llevaba el pelo suelto, llovido sobre los hombros.
Por fin ella le devolvió la mirada, dejó caer su canasta, extendió los brazos y, quién sabe cómo, se lo llevó.
El se dejó ir hacia quién sabe dónde, y con esa mujer pasó las noches y los días, quién sabe cuántos, hasta que un ventarrón lo arrancó de allí y lo devolvió a la sala donde su amigo seguía plantado ante el cuadro.
Tan brevísima había sido aquella eternidad que el amigo ni se había dado cuenta de su ausencia. Y tampoco se había dado cuenta de que esa mujer, una de las muchas mujeres que en el cuadro recogían amapolas en sus canastas, llevaba, ahora, el pelo atado en la nuca.

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La manzana de Adán - Mark Twain


Cuando Adán comió la manzana del Jardín del Paraíso y aprendió a crecer y multiplicarse, los demás animales aprendieron también dicho Arte, contemplando a Adán. Fue astuto y hábil de su parte: pudieron aprovechar todo lo bueno que resultó de comer la manzana sin probarla ni afligirse contrayendo el desastroso Sentido Moral, padre de todas las inmoralidades.

Acerca del autor:
Mark Twain

La llamada a la puerta - Dino Buzzati


Toc, toc, ¿quién será? ¿Abuelito con los regalos de Navidad?
Toc, toc, ¿quién será? ¿Giorgio? ¡Dios mío, si en casa se dan cuenta!
Toc, toc, ¿quién será? Apuesto a que es él. Con los años no se le pasan las ganas de gastar bromas, a mi Giorgio.
Toc, toc, ¿quién será? ¿Tonino que vuelve a estas horas? ¡Oh, esos dichosos hijos!
Toc, toc. Debe de ser el viento. ¿O los espíritus? ¿O los recuerdos? ¿Quién podría venir a buscarme?
Toc, toc toc.
Toc, toc.
Toc.

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Hora sin tiempo - Álvaro Menén Desleal


Un pasajero a otro:
—Disculpe, caballero, mi reloj se ha parado. ¿Qué hora tiene usted?
—Oh, lo siento; el mío se paró también.
—Por casualidad...¿a las 8.l7?
—Sí, a las 8.l7.
—Entonces ocurrió, realmente.
—Sí, a esa hora.

Acerca del autor:
Álvaro Menen Desleal

La cabeza del perro - Arthur Conan Doyle


Estoy arrellanado en el sillón junto a la chimenea en que crepita el fuego. Tengo la copa de coñac en la mano derecha. Con la mano izquierda, caída descuidadamente, acaricio la cabeza de mi perro... hasta que descubro que no tengo perro.

Acerca del autor:
Arthur Conan Doyle

miércoles, 27 de enero de 2016

Letras de amor en su rostro – Daniel Frini


Nunca supe su nombre. Nos miramos y fue amor a primera vista. Pude leer en sus ojos el amor, la pasión, esas ganas de entregarse por completo al otro. Todo duró unos tres segundos. Tocó timbre y se bajó del colectivo. Nunca más volví a verla. Por ahí me equivoqué. Una de dos: o no soy bueno para la lectura de rostros, o ella escribió en su cara con muchos errores de ortografía.

Acerca del autor:
Daniel Frini

A propósito de gervikanos y aspiradoras – Daniel Alcoba


Los gervikanos, especie del género kuezko que habita el Glóbulo Estelar Mayor de Arturo, son gases aglutinados por el efecto de las contra leyes de los gases (anti Gay Lussac, anti Boyle, de Avogadro ni hablemos) que por fortuna sólo operan en el volumen potencial, o sea en el espacio que ocupa el cuerpo del gervikano gelatinoso, ser vivo que se puede definir como un recipiente relleno de gas cuyas moléculas no se repelen, pero tampoco se atraen –comportamiento de líquidos–, pero con una tercera fuerza superficial, la distensión superficial, que se manifiesta como retraimiento de los límites, corteza o cáscara gervikana. 
El tejido epitelial del gervikano hace el efecto de una gran bolsa de polietileno, muy gruesa, a medio llenar con gases de colores que destellan a veces, pero que todo el tiempo parecen un globo de látex hinchado de siliconas tintadas. 
Dos son las fases, vaporosa y gelatinosa, según el globuliano se encuentre en medio ligeramente alcalino o acídulo. Esta es la característica fundamental de la gran familia de los Ultrasensibles al PH. La fase vaporosa los expone a ridículas derrotas, como ser disgregados por los ventiladores o bien chupados por una aspiradora. Sea como fuere, la evasiva realidad corporal de los gervikanos resulta insuperable en tareas encubiertas: inteligencia, espionaje, sabotaje. 
Camaleones humosos, se infiltran por el ojo de cualquier cerradura, por las tuberías de desagüe, y naturalmente por las cloacas en las cuales se mueven como pez en el agua. Pero ahí reside la mayor debilidad gervikano vaporosa: además de dejarse atrapar por las aspiradoras, se los puede dividir en pequeñas partículas con los compresores industriales capaces de generar chorros de aire a dos atmósferas. También se los aniquila con facilidad mediante la fumigación con hidróxido de amonio al quince por ciento. 
Para que las aspiradoras resulten armas eficaces deben estar provistas de filtro de agua. Cuando el agua del filtro es fuertemente alcalina, una solución de soda caustica, por ejemplo, estamos armados con una aspiradora de guerra que mata al gervikano aspirado en el momento en que sus gases burbujean en el líquido filtrante. Cuando el líquido del filtro es ligeramente ácido y además posee los taninos, el alcohol, los sabores y aromas de los buenos vinos tintos, el gervikano vaporoso entra en proceso de coagulación en el propio filtro de la aspiradora, y regresa a su feliz condición gelatinosa y a la cabal recuperación de su gracia –por así llamarla–, amiboidea y carácter transparente, en más o menos veinticuatro horas terrestres. 
La fase gelatinosa del gervikano es la feliz, y su dicha es acídula.

Acerca del autor:
Daniel Alcoba