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sábado, 11 de marzo de 2017

Consejos para nóveles escritores - Saurio


Ponga una palabra tras otra hasta formar una frase coherente. Obviamente, la coherencia de la frase dependerá de qué tipo de literatura usted piensa abordar. Por ejemplo, si usted escribe “Como una debilidad de gorra, no te acerques la camisilla para hablarme de un soldado” o “Justinegando la furtolerancia, el imbecilimio veregundó las gachas”, estas frases serán coherentes sí y sólo sí piensa abordar géneros de vanguardia o experimentales, mientras que frases como “—Dios mío!— dijo la condesa — ¡Estoy embarazada y no sé quién es el padre!” son coherentes si usted encara una novela gótica romántica o una narrativa posmoderna, plena de guiños y referencias a la cultura popular y masiva dirigidos a un lector que, como usted, entiende la ironía de la frase.
Sea como sea, una vez que terminó de escribir la primera frase repita el proceso tantas veces como sea necesario. Por supuesto, salvo que se haya decidido por los géneros experimentales más radicales, trate de que todas las frases guarden una relación entre sí, de modo que el producto final parezca tener una coherencia interna, un estilo propio e, incluso, un argumento definido.
Relea lo escrito, exclamando ocasionalmente (digamos, cada dos o tres párrafos) elogios a su propia originalidad, genialidad y/o creatividad. El propósito de esto es, como ya se habrá dado cuenta, estimular su ego al punto de que sienta la necesidad de escribir otro texto, superador del primero.
Repita el proceso de escritura, lectura y estimulación del ego cuantas veces sea necesario, aunque recomendamos hacerlo con moderación, ya que es muy común que algunos escritores nóveles se excedan y muy pronto se encuentren embarcados en una voluminosa novela-río, con el consiguiente riesgo de ser llevados por la correntada.

Acerca del autor:
Saurio

lunes, 4 de abril de 2016

Las transformaciones de las cosas - Saurio


Eckels estaba cansado de ser siempre el cobarde que huye al ver al tiranosaurio.
No debería estarlo, los personajes generalmente sufren de amnesia siempre que alguien lee la historia de la que son parte y repiten una y otra vez lo que escribió el autor. Pero las innumerables relecturas que tuvo “El ruido de un trueno” provocaron en Eckels un déjà vu que evolucionó en la fatalista certeza de que él es el cagón que se sale del sendero antigravitatorio y pisa la mariposa que cambia irreversiblemente el presente por uno más oscuro.
Así que juntó toda su fuerza de voluntad para torcer la trama. No es algo sencillo para un personaje, pero estaba decidido. Aprovechando el momento en que Bradbury lo hace apuntar en broma con su rifle, ni bien salen al Cretácico, mata a Travis y al resto del safari y regresa corriendo a la máquina del tiempo, sin salirse del sendero, pese a que Bradbury, alertado de la rebelión del personaje, lo sacude con furia.
Eckels sabe que no podrá volver a su presente, Bradbury le impide controlar correctamente la máquina, pero está decidido a que el autor no se salga con la suya. La lucha es cruenta y agotadora para ambos. Finalmente, la máquina, fundida, cae en un sueño. Eckels, agonizando, es expulsado de ella y aplasta ―irónicamente, ya que Bradbury está demasiado agotado para escribirlo― una mariposa que pasa por allí.
Como es una mariposa onírica, y no ficcional, a Eckels no le importa. Muere feliz. Su presente está a salvo.
Pero no: miles de antologías de ficciones breves implosionan, arrasando al universo con ellas. Es que por más que se devanó los sesos, Chuang Tzu nunca pudo acordarse al despertar qué carajo pasaba en ese sueño tan bueno que había tenido.

Acerca del autor:
Saurio

sábado, 19 de marzo de 2016

Gretel toma una decisión - Saurio


Una vez que hubo empujado a la bruja dentro del horno, Gretel fue a liberar a Hansel. Cuando lo vio en la jaula, gordo como un cerdo, aún lamiendo la escudilla de la última comida que la hechicera le había servido, lo pensó mejor. Al fin y al cabo, ella estaba hambrienta, los planes de su hermano no habían sido muy buenos y, la verdad, el muy egoísta no se había negado a comer ni había separado parte de los alimentos para dárselos a su hermana. Todo lo contrario, aprovechaba la mala vista de la bruja para engañarla con un huesito de pollo y así obtener más comida, mientras la pobre Gretel meta laburar para, con suerte, recibir algún que otro mendrugo.
Sí, era una pena que todas esas deliciosas proteínas se malgastaran en el idiota de Hansel. Además, el horno ya estaba caliente, las papas y las cebollas estaban peladas y ella tenía mucho, mucho hambre.

Acerca del autor:
Saurio

martes, 15 de marzo de 2016

El valor de la inocencia - Saurio


—¡Ja! ¡Ja! ¡Que la inocencia te valga.
—Seis mil pesos.
—No te entiendo.
—Que mi inocencia vale seis mil pesos.
—¿No pretenderás que te pague seis mil pesos?
—Sí. Vos me hiciste la broma de inocentes y ese es el valor de mi inocencia.
—Ja, ja, ja. Me estás haciendo una broma de inocentes.
—No. Seis lucas. Taka taka. Contado. No acepto débito o crédito.
—Dale, no jodas.
—Seis lucas.Ya. Poniendo estaba la gansa.
—Pero... no tengo seis lucas encima... y era una broma... es el día de los inocentes... es lo que se acostumbra...
—No me importa. Pagá o vas a vértelas con Tony y Gino.
—¿Quiénes?
—Tony "Metralleta" Partigiano y Gino "Mascatripas" Catzorrosso. Mis asociados. Ninguna deuda queda impaga luego de una visita de ellos. De hecho, la gente no queda en condiciones de endeudarse nunca más luego de que Tony y Gino los hacen entrar en razones.
—¡Por favor! ¡Tengo familia, hijos, un golden retriever precioso...!
—¡Ja! ¡Ja! ¡Que la inocencia te valga.
—Ocho mil pesos.
—No te entiendo.

Acerca del autor:
Saurio

sábado, 26 de diciembre de 2015

Dialéctica de la Ilustración - Saurio


―¡Qué hinchapelotas las minas con el asunto de la dieta! ―exclama Adán y arroja con todas sus fuerzas la manzana que le acaba de dar Eva.
La fruta atraviesa los siglos e impacta de lleno en la cabeza de Isaac Newton.
Este, analizando la gravedad de la situación, presenta una queja formal en el Vaticano.
―Ah, no, los reclamos referentes a episodios del Antiguo Testamento son jurisdicción del judaísmo ―alitera el papa―. Nosotros nos hacemos cargo de Jesús para acá, y eso si estamos de buen humor.
Newton recorre infructuosamente varias sinagogas y en Praga lo persigue un ejército de gólems. Huye a Pisa, donde lo encuentra a Galileo, tirando cosas desde la torre.
―Ya me tienen las pelotas llenas ―dice Newton.
―¿Y si le cagamos el negocio a las corporaciones religiosas?
―Dale. Yo le aviso a Darwin, a Einstein y a Freud y vos a Copérnico, Kepler y Marx, ¿sí?
―¿Y a Nietzsche, quién le avisa?
―Dejá, él se va a enterar solo...
Y es así cómo empezó la Modernidad.
Más o menos.

Acerca del autor:

martes, 27 de octubre de 2015

Un fragmento de la Odirrea - Saurio


Melenudo: Entonces al Ulises y a su banda los agarró una poli femenina, alta y tuerta pa’ mayor información, justo cuando se estaban chorreando unas ovejas.
Telemarketer: O sea que fueron por lana y terminaron trasquilados.
Melenudo: Entonces el chabón pensó una estrategia pa’ salir, ¿sí? Haciendo gala de su histrionismo la invitó con unos vinitos a la cana. Esta agarró viaje y terminó en pedo.
Telemarketer: Lo que se dice, el epítome de lo patético.
Melenudo: Entonces el quía agarró un palo puntiagudo, se lo clavó en el ojo bueno y así se escapó con la banda.
Telemarketer: ¡Auch!

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jueves, 23 de julio de 2015

La última cena - Saurio


Cuando Jesús dijo que el pan era su cuerpo le pareció bien, un sacrificio humano llevado al plano de lo simbólico era un buena idea.
Cuando dijo que el vino era su sangre dudó un poco. No era una metáfora muy kosher que digamos, pero, bueno, todos coincidían en que la ley mosaica era un poco absurda en lo que alimentación se refiere y, al fin y al cabo, ellos estaban para revolucionarla, ¿no?.
Cuando dijo que la cerveza era su pis le pareció un chiste de mal gusto, pero a esa altura todos estaban medio borrachos y se entiende que uno diga pavadas, mesías o no.
Fue cuando Jesús agarró el vaso de leche que Judas supo qué era lo que debía hacer.

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Saurio

lunes, 15 de junio de 2015

Todo lo sólido se desvanece en el aire - Saurio


Empezó con uno de esos mails virales que en cuestión de horas se propagan por todo el mundo, y luego siguió viralmente pero boca a boca. La consigna era simple: para vencer la desigualdad social la gente debería negarse a trabajar y a consumir más allá de lo estrictamente necesario para la subsistencia. Haciendo esto, el sistema perverso caería. No, no era otra huelga más, acá no había ningún reclamo, ninguna exigencia, simplemente se trataba de negarse a trabajar. Y funcionó.
No de inmediato, claro, la patronal, las jerarquías sindicales y los otros engranajes del sistema reaccionaron y reprimieron. Pero la gente, gracias a este mensaje viral, había perdido el miedo y se defendió. Muchos murieron, pero, como eran más, vencieron. Además, el sistema necesitaba de consumidores, y si nadie consumía la producción de bienes perdía todo sentido.
Así fue cómo el sistema cayó.
Alcanzada la victoria, lo lógico hubiera sido repartir las riquezas en forma igualitaria. Pero la riqueza había perdido valor en un mundo no consumista, y el acto mismo de repartir era trabajo, así que millones de bienes que en otras épocas hubieran sido codiciados quedaron abandonados y olvidados.
Cuando se agotaron los alimentos y los recursos acumulados la gente se enfrentó con otro problema, ya que procurarse el sustento era trabajar, y trabajar era lisa y llanamente resucitar al sistema.
Así fue como la gente se extinguió.
Alguien escribió que si a un grupo de chimpancés se les dieran computadores y tiempo suficiente, alguno de ellos terminaría escribiendo las obras de Shakespeare. Pero nunca se les ocurrió que antes de eso podría escribir un mail viral y enviarlo.
Así fue como llegamos a ser la especie dominante en el planeta.

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