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sábado, 19 de marzo de 2016

Pisar caca - Fernando Andrés Puga


A juzgar por lo que piso cada mañana en el umbral cuando salgo para la oficina, a esta altura debería ser multimillonario. Pero no. ¿A quién se le habrá ocurrido semejante tontería?
Hoy salí preocupado. El jefe me pidió que fuera unos minutos antes porque tenía que comunicarme algo personal. Cuando bajé la vista y descubrí que no había nada en el umbral, caí en la cuenta de que, si no hacía algo para impedirlo, hoy no sería precisamente un ascenso lo que se me notificaría. Me senté a esperar que pasara mi vecinita con su caniche toy.

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Fernando Andrés Puga

martes, 15 de marzo de 2016

Libre albedrío - Fernando Andrés Puga


—¡Pero qué te has creído! ¡Insolente! ¿Cómo se te ocurre levantarme la voz?
—¿Y cómo no, si querés deshacerte de mí justo en este momento, luego de haberme hecho sufrir tanto? Por una vez que pude gozar y vos no tenés mejor idea que hacer aparecer al imbécil del marido, fuera de sí y con un arma en la mano.
—Eso no te da derecho a gritarme de esa forma. Vos sos mío y hacés lo que yo te digo y te la bancás como un señorito. ¿Qué es eso de andar cuestionando al creador?
—¡Oíme! Vos serás todo lo creador que se te dé la gana, pero yo no quiero morir. Así que o empezás a respetar mis deseos o me borro de una. En serio. Me borro y te quedás sin cuento. ¿Entendiste?
El click del gatillo lo despertó a tiempo.

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Fernando Andrés Puga

viernes, 11 de marzo de 2016

Falsa metonimia - Fernando Andrés Puga


La mano en el picaporte duda, tiembla. ¿Qué habrá detrás de la puerta?, se pregunta. El estruendo fue mayúsculo y tiene entendido que no hay nada en ese cuarto. Junta coraje y se dispone a abrir. No puede. El brazo que la sostenía huyó despavorido y la dejó librada a su suerte.

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Fernando Andrés Puga

martes, 7 de julio de 2015

Por el ojo de la cerradura - Fernando Andrés Puga

 

Detrás de la puerta, pasos. Alguien que se acerca. Murmullos. Dos que conversan en voz baja. A juzgar por el timbre, un hombre y una mujer. ¿Acaso un niño? No. Esos jadeos no son infantiles, más bien sugieren dos cuerpos que se buscan, que se enredan. 
Un golpe; uno de ellos que se apoya contra la puerta. Se aceleran los jadeos. Sí, es una mujer y grita. Un extraño sonido sobre la madera, un chirrido que afloja los dientes, largas uñas que rascan con fuerza. Él que aúlla, se eriza, descarga. Al unísono caen sobre la alfombra del pasillo.
¿Y yo? De este lado me arrebato. Un olor que embriaga se desliza a través de la puerta. Con la espalda apoyada en la madera siento la otra espalda detrás. ¿Oirán mi presencia? Me levanto apresurado, golpeo a la puerta. Nadie. El silencio más oscuro reina del otro lado. Golpeo con más fuerza. Nadie. Y es en ese momento cuando decido mirar por el ojo de la cerradura.
Y veo.

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Fernando Andrés Puga