lunes, 7 de marzo de 2016

Argumentos a favor del uso de las gomeras - Daniel Frini


Mi abuela supo siempre cuándo le robé alguna galleta, comía golosinas a escondidas después de lavarme los dientes, o me quedaba con dos insulsas monedas del vuelto.
«Me lo contó un pajarito», decía.
Toda mi infancia traté de superar a la vieja, pero nunca lo logré
—¿Por qué no fuiste a la escuela ayer?
―¿Cómo que no fui, Nona?
—Ayer faltaste a clases.
―¡Noo!
—No mientas ―y agregaba la frase lapidaria—. Me lo contó un pajarito.
Tarde entendí de la connivencia rayana en contubernio entre abuelas y aves.
Los pájaros —malditos sean; viles informantes, soplones, chivatos, delatores, botones― conforman una red insuperable de espías al servicio de las generaciones adultas que pergeñan inicuos planes en contra de la mejor y más sana infancia.
No les tendré piedad.

Acerca del autor:
Daniel Frini

Diagnóstico – Javier López


El doctor Martín evaluaba su propia situación como accidentado. Una curva cerrada y una carretera en no muy buen estado le habían conducido a la cuneta y ésta a un desnivel de poco más de un metro. El coche había dado un par de vueltas de campana y ahora se encontraba atrapado en su interior.
“Debo tener la segunda y tercera costillas esternales rotas, con posible compromiso de las apófisis vertebrales en regiones C3 y C4. Fracturas de cúbito y radio en brazo derecho, con lesión en incisura troclear y posibilidad de daño humeral. Lesiones moderadas en región metacarpiana, heridas inciso-contusas mútiples en tórax, piernas y rostro, así como hematomas diversos. Daños internos difíciles de evaluar por ahora. No descarto traumatismo craneo-encefálico de nivel 13-15 en la escala ECG”.
Como buen profesional, su diagnóstico resultaba del todo correcto, salvo por un único detalle: llevaba más de media hora muerto.

Acerca del autor:
Javier López

Ernie aprende una palabra nueva cuando ya olvida el resto - Héctor Ranea


Ernie estaba contento pues, aunque sabía que la olvidaría en breve, había aprendido una nueva palabra leyendo el diario.
Lástima para él que su memoria anduviera mal ahora que el tema del habla estaba nuevamente en la preocupación de algunos. Lástima porque para Ernie todo diccionario era ya un misterio. El número de palabras que recordaba disminuía, sin remedio, y ¡qué podía hacer! Al máximo tomar su pluma, recordarla por el mayor tiempo posible.
Leía intensamente, cantaba tangos, ponía letra a valses, cantaba cuando llovía (Alice no lo dejaba salir ni los días soleados ya).
Amaba la música; incluso tenía una composición para piano y voz de mujer (pensando siempre en Alice). Adoraba a Alice. En trenticuatro años jamás la había tocado aunque la había deseado con desenfreno.
Era el destino de ser ella hermosamente humana y él un yaco viejo, un loro gris; eso sí: de cola carmesí.


Acerca del autor:
Héctor Ranea

Mitología comparada - Juan Manuel Valitutti


Narciso pasaba las horas contemplándose en las aguas de un arroyo. La ninfa Eco había intentado seducirlo y había fracasado, y otro tanto había hecho el joven Ameinias, con igual resultado.
Pero Carmilla no se andaba con vueltas…
Tan pronto experimentó el cruel rechazo, se abalanzó sobre el muchacho y lo mordió en el cuello.
Narciso despidió a la vampiresa con violencia inusitada —se le hacía imperioso retornar al acuífero espejo— y se arrastró hasta la orilla.
Horrorizado, comprobó que el adolescente a quien amaba se había marchado sin dejar rastros.
Entonces tomó la espada… ¡y se dio muerte!

Acerca del autor:
Juan Manuel Valitutti

jueves, 3 de marzo de 2016

Sin máscara – Sergio Gaut vel Hartman


—La vida prolifera en los alrededores del Sistema Solar —dijo Draconis—. Hay dieciséis enanas amarillas en un radio de treinta años luz, y eso sin contar que las vecinas de clase F y K también tienen planetas habitados.
—¿Habitados o habitables? —dijo Karulis sonriendo—. No es una mera sutileza, supongo. Pero usted está pasando de la presunción al axioma.
—Nada de eso —se defendió el xenobiólogo—. He estado en cada uno de esos mundos y tengo pruebas de ello. —Y para reafirmar lo dicho, Draconis mostró su verdadera apariencia, la de un fulitex adulto de Tau Ceti. La sonrisa de Karulis se congeló y el corazón se le detuvo para siempre.

Acerca del autor:
Sergio Gaut vel Hartman

Nocturno de pasión - Antonio Jesús Cruz


El dramaturgo sonríe. La mirada verde y chispeante de la pelirroja lo ha seguido durante toda la actuación y él intuye la invitación que es tan vieja como el mundo.
Sospecha que su desfachatada elegancia ha hecho lo suyo. Es audaz y se sabe atractivo.
Camina hacia su camarín divertido y ansioso. Tiene la certeza de que en un rato ella gemirá en sus brazos.
Despierta atormentado por un frío espantoso. Algo lacera sus entrañas. Las sábanas están viscosas. Prende la luz y las ve teñidas de rojo.
Imagina el último acto de alguna de sus tragedias.
La pelirroja ya no está en escena.

Acerca del autor:
Antonio Jesús Cruz

Así en la tierra como en el cielo - Juan Manuel Valitutti


El reo contempló desamparado los grilletes que lo atenazaban.
Pidió morir.
—¿Quién me habla? —dijo una voz.
El reo miró a su alrededor. Pensó que estaba volviéndose loco.
Así que nuevamente requirió la muerte.
—¿Por qué quieres tal cosa? —preguntó la voz.
—¡Oh, Dios! —gimió el reo—. ¡Llévame!
Y la Voz dijo:
—No puedo llevarte. No puedo hacer nada, ¿ves? Me echaron los cepos: estoy atenazado, como tú.

Acerca del autor:
Juan Manuel Valitutti