jueves, 31 de marzo de 2016

Mi espejo - Ada Inés Lerner


Cuando pequeña me regalaron un espejo con un marco antiguo, una obra de arte.; se dio entre nosotros un lazo muy especial. Si algo me ocurre mi espejo lo siente. Lo descubrí desde el principio. Yo tropezaba y en él se veían lágrimas. Me caía por las escaleras, él reflejaba en mi cuerpito, moretones y heridas. Al llegar a la adolescencia, mi primer noviazgo fue pobre, mi espejo lo reflejó; para consolarme yo apoyaba mis labios en su cristal y lo entibiaba, presa del deseo él se empañaba. Fue en esos momentos que mostró mi rostro asustado. Un día, especialmente triste, decidí suicidarme. Él lo comprendió, y con voz temblorosa me preguntó: “¿Cómo piensas hacerlo?”. Acaricié el marco y antes de que pudiera reflejarme y liberarse, lo tiré por la ventana.

Acerca de la auora:

El retrato de Oscar W. - Claudia Isabel Lonfat


El retrato estaba terminado. Tenía cierto desorden en la proporción de los rasgos, es decir, los ojos más juntos, la nariz más pequeña, los labios más delgados, aunque en conjunto, no existía duda que se trataba de Oscar W.
Después de treinta años, cuando de a poco se fue convirtiendo en ratón, se dio cuenta de que debería haber sido más preciso con las proporciones.

Acerca de la autora: 

El subte - Alberto Benza


Bajo raudamente al subte de Acoyte y me doy con la sorpresa de que está Marilyn esperando el tren que la llevará a la estación Lima. Me digo: “Ésta vez no puedo dejarla ir”. Compro mi boleto, paso el control y la tomo por sorpresa de espalda, pero caigo en el riel. El tren viene y miro hacia ella desesperado. Ella me mira sonriente, me guiña el ojo y se desvanece.

Acerca del autor:

La costura del tiempo - Ernesto Simón


En el año 2666 comenzó a rajarse la costura del tiempo. Desde entonces, la historia del mundo se dividió en dos versiones. Las letras se escribieron duplicadas. Todo se supo de dos maneras. El espejo se convirtió en matriz ineludible. Hubo un lado y hubo otro. Cuentan que los hombres nunca supieron de la misteriosa costura que Dios no había terminado de unir. Un trabajo mal hecho y la fatiga inesperada del Todopoderoso contribuyeron al malogrado final. La humanidad quedó condenada a conocer una sola de las dos versiones que cifran la historia.

Acerca del autor:
Ernesto Simón

Viaje a Marte - Victoria Baudin


Antes de subirme a la nave que me llevaría a Marte, les pregunte a los pocos que estaban despidiéndome:
—¿Qué creen que encuentre allá?
Mi tía y mis dos primos me dijeron que sería perseguido por un robot intergaláctico como el de las películas, o quizás por un extraterrestre, mientras que mi padre, sin dejar de lado su malhumor, solo me dijo: “Nada nuevo”.
Y con eso, emprendí el viaje.
Mientras estaba sentado mirando literalmente a la nada, me preguntaba: “¿Quién tendrá razón, después de todo?”. Descartaba por completo la idea de mi padre, es imposible que uno no encuentre nada nuevo en un lugar totalmente desconocido; vez mi tía y mis primos tengan razón, si verdaderamente resultaba así, si lograba sobrevivir, tendría que traerlos algún día.
Cuando por fin todo estuvo en condiciones para descender, bajé de la nave. Pero lo que encontré me quitó todas las ilusiones que me había hecho.
“Nada nuevo”. Mi padre tenía razón. Mi rostro era todo el paisaje; Marte era mi cara, nada nuevo, es más, es lo que veo todos los días al mirarme al espejo.
Mi padre interrumpió mi sueño; eran casi las seis de la mañana y, según él, yo gritaba como loco: ¡Marte, Marte!, revolviéndome en la cama. Gritaba como lo que soy: un pequeño inocente que sueña con llegar a Marte, pero también sueña con otra cosa: que su padre lo entienda y lo acompañe en el viaje por la vida, tanto o más peligroso y emocionante que un viaje a Marte.

Acerca de la autora:
Victoria Baudin


domingo, 27 de marzo de 2016

La herencia - León Tolstoi

 

Un hombre tenía dos hijos.
—Cuando muera, lo partiréis todo a medias —les dijo en una ocasión.
El padre se murió y los hijos comenzaron a discutir sobre la herencia.
Finalmente, le pidieron a un vecino que les aconsejara, y éste les preguntó:
—¿Cómo dijo vuestro padre que dividierais la herencia?
Los hermanos contestaron:
—Nos recomendó que la partiéramos a medias.
—Entonces —dijo el vecino—, cortad en dos los trajes, romped la vajilla por la mitad, y partid en dos cada cabeza de ganado.
Los hermanos siguieron el consejo del vecino y se quedaron sin nada.

Acerca del autor:
León Tolstoi

Cuentos largos - Juan Ramón Jiménez


¡Cuentos largos, tan largos! ¡De una página! ¡Ay, el día en que los hombres sepamos todos agrandar una chispa hasta el sol que un hombre les dé concentrado en una chispa; el día en que nos demos cuenta de que nada tiene tamaño, y que, por lo tanto, basta lo suficiente; el día en que comprendamos que nada vale por sus dimensiones —y así acaba el ridículo que vio Micromega y que yo veo cada día—; y que un libro puede reducirse a la mano de una hormiga porque puede amplificarlo la idea y hacerlo el universo!

Acerca del autor:
Juan Ramón Jiménez